miércoles, 17 de julio de 2013
viernes, 12 de julio de 2013
sábado, 22 de junio de 2013
Siempre de paso
Desperté y no reconocí donde estaba.
Por un instante, sentí miedo. Un miedo helado y blanco.
Como suele pasarme, pronto recordé: estoy acá, por esta razón, hace este tiempo. Entonces sobrevino el alivio del reconocimiento.
Así me despierto cada tanto, en algún lugar.
Hoy miré el mar y me pregunté, por cuánto tiempo más seguiré despertanto de esta manera, en lugares que no me son propios más que por una fracción de tiempo; cuánto - hasta encontrar mi lugar.
El mar desconoce la respuesta a este interrogante.
El mar - y yo.
martes, 9 de abril de 2013
jueves, 17 de enero de 2013
viernes, 30 de noviembre de 2012
Aurora y el afecto
Revisando una lata en mi ex
taller, una de entre muchas latas, cajas, frascos, y otro tipo de objetos
contenedores que tengo, encontré hace unos meses una pluma fuente. La visión me
entusiasmó mucho, la guardé en la cartera y unos días después, ya en mi casa,
decidí limpiarla.
La tarea me llevó más tiempo,
cantidad de lavados y utensilios de los que pensé pero, finalmente, luego de
unas dos horas de intentar un poco sin suerte, logré desenroscar el cuerpo de
la punta.
Aurora (por la marca italiana de
estilográficas Aurora - modelo 88P) no es una pluma cualquiera. Eso lo descubrí
en ese momento. Su sistema de carga es directo, sin cartucho. La tinta se
regula por medio de un dispositivo a rosca que tiene en el extremo opuesto a la
punta. Cuando éste se rosca, la pluma expide burbujas de aire por un agujero
milimétrico que tiene en la panza. Y como esas cosas, Aurora tiene otros trucos
y secretos.
Me emocionó la presencia de este
objeto extraño y antiguo en mi vida.
Investigué un poco en internet. Divagué acerca de su origen y su historia.
Fantasée con un pasado foráneo, de viajes y aventuras interoceánicas, para
llegar finalmente a mis manos.
La llené de tinta roja. No sé porqué; no lo
pensé. Me propuse probarla, y terminé dibujando a mano alzada, algo. Entonces surgió en mí la idea de
dibujar con Aurora, de dibujar porque sí, de dibujar sin boceto, simplemente
para disfrutar del placer de dibujar. No pensé específicamente en dibujar con
tinta roja; de alguna manera no contemplé que hubiera otra posibilidad.
Y así surgieron una serie de
dibujos, una serie rara, porque lo único que tienen en común estos dibujos es
que fueron hechos con la misma herramienta y la misma impronta.
Amo a estos dibujos. Algunos son
mejores que otros, más interesantes. Pero yo rememoro el momento de estar haciéndolos,
y los quiero a todos. Todos fueron importantes.
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| "Noche" |
Hace un tiempo, recibí en mi casa
la visita de una querida amiga, curadora, con quien compartimos delirios varios
acerca del arte y de la vida, y le mostré las últimas cosas que había estado
haciendo. Le conté la historia de Aurora. Y ella, con esa visión desde otro
lugar que tienen algunas personas lúcidas de algunos temas, me hizo notar que
la historia de Aurora, de los dibujos hechos con ella, era la historia del
afecto que despertó en mí ese objeto en particular. Y eso me dejó pensando un
largo, largo tiempo.
Y entonces entendí que no sólo
somos las cosas de las que nos rodeamos. Entendí que esas mismas cosas no son simplemente
un reflejo de nosotros, sino que existe una relación dinámica entre ellas y
nosotros. Las cosas de las que nos rodeamos nos pueden transformar.
Aurora llegó a mí en un momento
muy extraño, en el que me estaba costando todo. Llegó y despertó algo en mí. Y
su presencia me modificó. Hoy descansa en un frasco que contiene cosas muy
selectas y queridas por mí, limpia y cuidada; a fin de cuentas, amada.
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| "Mundo" |
jueves, 29 de noviembre de 2012
G.
“Como tú, deseé tener una memoria inconsolable, una memoria de sombras
y de piedra.”
M. Duras, Hiroshima mon amour.
Cuando G. se fue, mucha gente lo tomó bastante mal.
Muchos quedaron muy sorprendidos.
Muchos corrieron al doctor,
interpretando su partida como una llamada de atención al cuidado de la salud.
Algunos otros inventaron un
relato con cortes místicos y trascendentales, haciendo de la muerte una especie
de apoteosis de un aprendizaje que cada uno debe transitar, etc. etc.
A algunos, capaz los menos - entre ellos yo -
nos quedó solamente el Dolor.
El dolor, como escribió Duras,
necesita espacio. Y el espacio del dolor es de tiempo y soledad.
Eventualmente, uno reanuda ese
ritual de darle sentido a las cosas, a pesar de que la realidad se siente
devaluada con este tipo de pérdidas, inexplicables e injustas. Eventualmente, también, y a la larga,
después de un tiempo, comenzamos a olvidar.
Está dicho que la memoria es ese
doble movimiento de recordar y olvidar. De alguna manera, los recuerdos son
ediciones un poco arbitrarias de nuestro pasado. Yo de G. recuerdo algunas cosas,
muchas otras olvidé. Su recuerdo pasó por muchos estadios, hasta llegar
finalmente a una afirmación muy simple: G. era mi amigo, y yo lo amaba.
Lo que sentí, con el paso del
tiempo, es que capaz lo más trascendental de las personas que nos rodean,
cuando ya no están, no es lo que recordamos u olvidamos de ellas, sino la
huella del amor y de la compañía que dejan en nosotros.
Cuando pienso en G., lo hago con
una sonrisa de agradecimiento.
Para quienes no lo conocían, abajo les dejo un video que hizo la
hermana de G. con fragmentos de otros videos. Si prestan atención, estamos en
un momento los dos tirándonos un paso (yo tenía corte carré, nada que ver. ¡Oh,
adolescencia!).
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